jueves, 25 de noviembre de 2010

Relatos del Hombre Sin Tiempo II

Las ramas de los árboles adornaban las soledades. El encanto de los ecos encendían los recuerdos de aquellos que caminaban por aquella alameda durante la primavera, mi llanto en silencio contemplaba las aves que dibujaban el cielo, mientras yo en el asiento, miraba cómo el tiempo erguía nostalgia.

Fue inevitable olvidar los pasos que se sucedieron en dicho cruce de avenidas, que un día acogieron un par de sombras enamoradas. Los ruidosos automóviles iban y venían, al mismo tiempo que yo proseguí con mi camino hasta llegar a casa. Los minutos se perdían, y mi esperanza también.

Me volví a sentar, esta vez para esperar tener algún encuentro impropio, digno del azar de la voluntad secreta de mi alma, que aunque yo no era conciente de ello, deseaba en demasía. Aguardando por su recorrido, manejé la posibilidad de acercarme un poco más a la vereda, pero supuse que su intuición me jugaría una mala pasada, la cual en momentos anteriores fue muy relevante.

Las nubes caminaban en lo alto, y yo en la misma madera, paciente pero ansioso, tal cual como en nuestro último primer encuentro, cuando yo no buscaba salidas ni entradas, y el pasillo al andar era nuestro.

Me puse de pié cuado observé una extraña silueta a lo lejos, que venía desde el fondo de la calzada rodeada de lángidos árboles que espiaban mi espera, caminé de frente para que pareciera obra del destino aquel cruzamiento de miradas... fue grande mi sorpresa al ver que ese rostro de apresurada dama me era muy conocido, no la pude reconocer a pesar de la exigencia memorística, sólo me limité a verla pasar a mi costado.

Era evidente que estaba asediado por el recuerdo inconcluso, en lugar tan conocido e impropio como aquellas calles, una lluvia invisible que cubría mis ojos, las lágrimas cristalinas cayeron... cuando volteé la mirada, miré y ella estaba empapada con su presente, mirando su pasado.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Chopin-Etude no. 3 in E major, Op. 10 no. 3, "Tristesse"

Relatos del Hombre Sin Tiempo I

Mi tiempo es el espía eterno de esta experiencia, arduo viaje que debilita mi alma pero alimenta mi corazón.

Son incontables las veces que he estado al borde de la corniza... pues mi historia no tuvo principio, y aún no vislumbro el final.

La imaginación no acepta límites, pero admite dificultades, errores por los cuales mi sentir siente el yugo de la incertidumbre.

Aquella casa que dejé en algún momento de la vida, pero cuya puerta no cerré al partir.

Lágrimas que van y vienen , como aves que cruzan el horizonte, no es suficiente el día ni tan larga la noche...

La espera suele ser cruel, aveces el premio también lo es, pero esta rueda infinita que da vueltas no se cansará de hacerlo porque es madera..

Y yo no me cansaré de estar sentado mirándola de frente, porque soy espíritu que no se averguenza de su lucha.

En este baile sin parejas , en el cual me encuentro tentado a la derrota y al olvido...son mi llanto frío y calmado.

Con aura resplandeciente que la sigue por donde sus ojos observen, estaré de pie frente a las manijas del destino.

Que me dirán por fin que mi momento ha llegado...y continuaré este relato.